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domingo, 7 de enero de 2018

Tenemos problemas para embarazarse, ¿podemos conseguirlo de forma natural?

Descubre los beneficios de la Naprotecnología
“¡Deseamos tener un hijo y no conseguimos quedarnos embarazados!” Ésta es la situación en la que diariamente se encuentran cientos de matrimonios y es causa de desasosiego, tristeza y angustia.
Hasta hace poco las posibilidades que ofrecía la medicina provocan grandes dudas a muchos matrimonios por tratarse de métodos discutibles, no sólo en cuanto a la ética y la moralidad, sino también por ser procedimientos fríos y alejados de la calidez del amor.
La estimulación hormonal coloca a la mujer en una situación física difícil y, a veces, al límite y la inseminación artificial es un proceso que tiene lugar en la fría consulta de un médico al igual que la Fecundación in Vitro. No vamos analizar en este artículo toda la complejidad que hay detrás de estos dos últimos procedimientos, pero evidentemente conllevan decisiones difíciles de asumir con un espíritu de responsabilidad.
Desde hace unos años hay una gran noticia para todos estos matrimonios que desean tener un hijo, tienen dificultades y no están dispuestos a saltar límites físicos ni éticos para conseguir sus deseos. Se llama Naprotecnología o Tecnología de Procreación Natural.
La Naprotecnología investiga las causas de la infertilidad, tanto en el hombre como en la mujer, los trata y aprende de los ciclos ováricos de cada mujer para buscar un embarazo mediante relaciones sexuales normales.
Ya en 2012 la doctora María Isabel Valdés presentó la tesis doctoral “Aplicación del conocimiento de la Fertilidad humana para búsqueda de Embarazo: Resultados en el ámbito Clínico” basada en un estudio de efectividad de la utilización de indicadores biológicos en la fertilidad y en el que se mostraba que se había conseguido una tasa de éxito de un 41,5%. De todos modos, la tasa de éxito varía sustancialmente según las causas, la edad y la variabilidad de los estudios.
Con este método, lo primero es conseguir un buen diagnóstico. A veces el problema no es la infertilidad sino los abortos recurrentes, por lo que hay que estudiar por qué se producen para poder tratar sus causas. En otros casos, es un problema de fertilidad producido por causas tan diversas como ovarios poliquísticos, endometriosis, algún tipo de obstrucción en las trompas de Falopio, o una tasa baja de progesterona, etc., por poner algunos ejemplos.
El hombre también puede ser causante de la infertilidad y, en cambio, sus causas no están muy estudiadas por la medicina y pocas veces se les ofrece la posibilidad de tratamientos de mejora. Y sin embargo, en ocasiones las causas pueden ser fácilmente identificables y tratables. Un problema de tiroides o una intolerancia al gluten no diagnosticada, por ejemplo, pueden producir una bajada en la fertilidad de los espermatozoides.
Generalmente, sin embargo, las causas son múltiples y afectan a las dos partes de la pareja. Por esto, ponerse en manos de un buen profesional, que mire más allá del aparato reproductor, y que tenga una visión global de la persona y de todos aquellos factores que, de forma directa o indirecta, pueden afectar a la fertilidad es básico e imprescindible.
Una vez identificados los problemas, hay que tratarlos. A veces el tratamiento puede ser hormonal o incluso un simple cambio de alimentación. Otras son necesaria la cirugía o tratamientos farmacológicos.
Una vez solventados los problemas físicos que podían impedir un embarazo, el siguiente paso es apurar el ciclo fértil de la mujer. Para ello se enseña a la pareja a conocer con exactitud cuáles son los momentos más fértiles de la mujer. Compaginando métodos de control de la temperatura, Billings y el estudio de los ciclos en el calendario, se puede definir con bastante exactitud cuáles son los días en los que hay más posibilidad de embarazo.
Los que han acudido a este método, no pueden más que recomendarlo. Como es el caso de Jordina y Venancio que ya fueron entrevistados por Aleteia cuando tuvieron el primer niño concebido gracias a la NaProTecnología en España



Mamá se da por vencida con la tarjeta de Navidad “perfecta” y el resultado es mágico



Tomó una decisión valiente para aceptar la verdad salvaje, desorganizada, pringosa, ruidosa y magnífica que es su familia.

La casa de Stephanie se encontraba en un estado de caos. Nada estaba yendo según lo previsto. Su hijo menor corría como loco con los zapatos desatados, la camisa por fuera del pantalón y la salsa de los espaguetis por toda la cara.
Dos perros ruidosos y excesivamente alborotados lo perseguían por fuera de la casa, desesperados por conseguir la pelota con la que el niño estaba jugando.
Su marido, preocupado por el trabajo, iba de una habitación a otra con el teléfono pegado a la oreja, intentando evitar a su hijo mayor que se quejaba de que no encontraba los zapatos y de que estaba perdiendo tiempo de estar con sus amigos.
Mientras una desesperada Stephanie volvía a echarse otra copa de vino, su hija giraba como una peonza mientras su peinado sofisticado se convertía en un desastre.
Ese día había sesión fotográfica en la casa. Durante los últimos cinco años los he estado fotografiando para sus postales de Navidad, y sé que Stephanie aspira a la perfección.
El proceso comienza con la organización de la sesión que, debido a partidos de fútbol, compromisos laborales y la inevitable e inesperada gripe, debe aplazarse varias veces. Unos 36 mensajes más tarde, se fija una fecha.
A continuación, Stephanie rastrea todo Internet, cruzando los dedos para encontrar las medias con brillo ideales para su hija y conjuntarlas de forma elegante con el jersey de punto trenzado de su hijo mayor. Las horas se convierten en semanas, y la presión aumenta, pero finalmente la búsqueda termina y el pedido llega. Después llega el momento de reservar hora (y cambiarla) en la peluquería para todos.
El día de la cita, Stephanie se prepara para una queja tras otra, que comenzarán inevitablemente 20 minutos antes del primer corte de pelo y que terminarán después de la última foto.
Cuando los chicos eran más pequeños, Stephanie disfrutaba del proceso de diseñar y producir la postal perfecta. Se hizo popular por sus creaciones gloriosas, y cada año su familia y amigos esperaban con expectación cómo lo haría mejor que el año anterior.
Conforme sus hijos se hicieron mayores y la vida se convirtió en un caos, Stephanie sintió que el deseo de producir postales de Navidad dignas de Pinterest se esfumaba. En algún momento, la felicidad se convirtió en estrés y ansiedad. Cuando llegué a su casa para la sesión de este año, estaba en estado de desesperación.
“Solo apareceré yo este año”, suspiró.
“No es broma. La postal de Navidad de este año será con una foto en la que solo aparezca yo”. Mientras echaba un vistazo a la anarquía de su alrededor, anunció: “Se ha vuelto demasiado difícil producir la perfecta foto de familia, así que me rindo. Les he dicho que se pueden poner lo que quieran, y que si no quieren aparecer en la foto, está bien también”.
Lo decía completamente en serio.
Nos sentamos en las escaleras del porche y compartió su revelación conmigo. Había comenzado el día con grandes esperanzas, pero después a su marido le había surgido algo en el trabajo y sus hijos llegaban tarde de la escuela. Esto hizo que Stephanie contara exactamente con 34 minutos para tratar con tres niños testarudos que no querían vestirse con lo que su madre les había preparado, ni tampoco peinarse, dos perros que no paraban de ladrar y un marido pegado al teléfono.
En medio de esta vorágine, Stephanie se sirvió una copa generosa de pinot negro y se apoyó en el marco de la puerta para esperar mi llegada. Encontró la respuesta cuando se paró a pensar en la locura a su alrededor: podía seguir presionando a su familia o darse por vencida en ese momento y disfrutar de su familia tal como era.
Al entenderlo, pudo dejar atrás el pasado e idear una nueva postal de Navidad. Juntos logramos elaborar un nuevo concepto. La postal de este año celebraría el caos y las imperfecciones inherentes a la vida familiar.
Las fotografías resultantes capturaron a la familia Buhalis en su estado natural, con perros que ladran, pelotas, llamadas telefónicas y Stephanie brindando con una copa de vino por un desastre caótico y maravilloso.
Cuando miro las fotos, veo a una familia que está viva. Veo un amor incontrolable de una madre mientras lucha por disfrutar del alboroto. Veo una familia que vive con intensidad y una madre que encuentra el humor en los momentos desorganizados que conforman nuestra vida. Pero, sobre todo, veo magia en el caos, una magia que normalmente desaparece al editar las fotografías.
En cierta medida todos somos Stephanie. Cultivamos con esmero la imagen que proyectamos al mundo exterior de nuestra vida y, al hacerlo, perdemos la verdad por la competencia. Al comparar de forma constante nuestra familia y nosotros mismos con lo que otros dicen que es perfección, perdemos la capacidad para redefinir lo que para nosotros significa la perfección. Para darnos cuenta de que la perfección es maleable. Estamos demasiado ocupados para encontrar belleza en nuestro caos porque mentalmente vivimos dos pasos más adelante, diseñando cómo presentamos nuestra familia al mundo. Lo que no somos capaces de entender es que todo el mundo a nuestro alrededor está haciendo exactamente lo mismo.
Nuestra percepción de la vida se vuelve sesgada, una versión retocada de nosotros mismos. Este año, Stephanie tomó una decisión valiente al aceptar la verdad. La verdad salvaje, desorganizada, pringosa, ruidosa y 
magnífica que es su familia.
La postal de este año será la más gloriosa hasta la fecha.

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Propósitos de Año Nuevo: ¿sólo has pensado en ponerte a dieta?

Pienso en algo que sea realmente importante. ¿Cuál es mi prioridad para este nuevo año? ¿Qué acento pongo?
Me detengo ante el nuevo año que inició con la bendición de DiosEl Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.
Esta bendición me levanta al comenzar este nuevo año. Lo miro con optimismo. Lo miro con alegría. Miro a María que viene a mí a sostener mi vida. Ella me ayuda a crear un mundo nuevo. Es Reina de la paz. Me enseña a vivir con paz.
En palabras del P. Kentenich: Regresen a sus casas con la firme convicción de que María nos quiere utilizar como instrumentos para generar un mundo nuevo, para guiar a la Iglesia a la ribera novísima de los tiempos. Porque a ella, la Madre, le debemos que, a pesar de continuos fracasos, hayamos tenido siempre el coraje de volver a aspirar a las cumbres.
De la mano de María soy capaz de mirar más alto. Veo las cumbres y los altos ideales que encienden mi alma. Quiero que Ella me ayude a pasar por alto las pequeñeces fijándome en lo realmente importante.
Hoy me detengo ante María. Me arrodillo en el Santuario al comenzar un nuevo año. Tengo miedos. Seguro que muchas incertidumbres. Tal vez dolores y quizás por eso pienso que quiero que sea mejor el próximo año que el pasado. Porque me duele el alma. Por la pérdida. Por la enfermedad. Por el fracaso.
Pero al mismo tiempo noto la mirada de Dios sobre mi vida, la mirada de María. Me sostienen, me levantan, me bendicen. Lo vuelven a hacer. Vuelven a creer en mí después de tantas decepciones.
Recuerdo cómo comencé el año que ha terminado lleno de buenas intenciones y sabios propósitos. He visto cómo he dejado de lado aquello que al comienzo del año se había convertido en necesario. ¿Por qué fallo tanto en lo que me propongo? Los propósitos fallidos me desaniman.
Leía hace poco: Me contó: – Es que parece que con el año nuevo todo el mundo tiene proyectos, enero es el mes de los propósitos y luego pasa lo que pasa. Entre bromas quedamos que para ayudarles íbamos a establecer febrero como el mes de la constancia, marzo el de la renovación de los propósitos, abril el de la continuidad, mayo el de la actualización de las intenciones y junio el de la tenacidad. Así por lo menos llegaríamos hasta el verano.
Esa mentalidad me parece más positiva. Por eso lo vuelvo a intentar ahora. Y lo miro así: El inicio del éxito de cualquier propósito es saber que en realidad podemos. El hecho de vivir hace que el acierto y la felicidad, sean posibles.
Me motiva pensar que yo puedo hacerlo si lo que deseo lo emprendo con un corazón abierto y valiente. Una persona rezaba: A veces hago propósitos partiendo de lo que soy o de cómo estoy. Y de repente surgen estos sentimientos de desánimo que me desmontan mi plan de acción. Y me desmorono. Lo peor es que no sé si son las dificultades propias del camino, o eres Tú que me tocas el alma, para que cambie ese camino, ese plan, y aprenda a abandonarme de otra forma. En ello estoy, Señor. Me quedo aquí contigo. Alegre. Intentando hacerlo bien. Intentando dejarme llenar de ti. Siguiendo mis propósitos de entrega en concreto. Atenta a los síntomas de orgullo que tu espíritu me muestre.
Dios me bendice. María me alienta con su mirada que no desvía de mi alma. No quiero que sea como todos los años. Aunque sé que soy débil y el ideal está más lejos que lo que alcanzo a realizar. Lo pienso de nuevo. Pienso en lo que quiero, en lo que sueño.
Sí quiero proponerme ser más santo, más de Dios, más humano, más misericordioso. Sí quiero ser más libre, más auténtico, menos crítico, más positivo, menos quejumbroso. Sí quiero salir de mí mismo, de mis miedos y manías. Sí quiero vencer el pesimismo y abrirme a lo nuevo con un corazón de niño. Sí quiero tener más coraje, porque creo que es una virtud que escasea y quiero ser valiente.
No quiero desanimarme ante la primera dificultad. Sí quiero saber que la vida me la da Dios para que la aproveche, siendo feliz y haciendo felices a otros.
Pero de nuevo, a medida que enumero mi lista de buenas intenciones, me parece todo demasiado vago y general. ¿No me pasará de nuevo lo mismo al llegar diciembre? ¿No pensaré que sigo siendo el mismo, igual de mediocre, de tibio y poco santo?
No lo sé. No quiero adoptar una postura negativa ante el futuro. Es verdad que mis miedos al mirar el futuro me hacen temer lo peor. Pero yo creo que puedo hacer las cosas nuevas. Día a día. Sin prisas. Pero siempre con Dios. Con sus manos. Con su poder. Aunque mi dolor sea el de siempre. Y mi mediocridad conocida.
No pienso en propósitos típicos, como adelgazar, hacer más deporte, o leer más libros. Eso me parece un poco más de lo mismo. Pienso en algo que sea realmente importante. ¿Cuál es mi prioridad para este nuevo año? ¿Qué acento pongo? ¡Cuántas páginas en blanco para que yo las escriba! Dios y yo. Tantas horas, días y meses. Todo dispuesto para volver a empezar. Pienso en lo que deseo, en lo que quiero. Me pongo manos a la obra. Vivo en Dios.

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¿Eres de los que quisiera complacer a todo el mundo?

Sólo a mi Dios le importa. Y Él, mejor que nadie, conoce lo que siento
Con el paso del tiempo aprendo a valorar la vida. Aprendo cosas que antes no sabía, sólo con el paso del tiempo. Tiene el tiempo la buena costumbre de enseñar al alma lo que al nacer no sabe. La experiencia se guarda en el recuerdo como un gran tesoro. La amaso como una fortuna y voy sacando de mis años pasados lo que me sirve para el presente.
Escribe Jorge Luis Borges: Después de un tiempo uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma. Y uno empieza a aprender que los besos no son contratos. Y los regalos no son promesas. Y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta. Y los ojos abiertos. Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas. Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante. Con el tiempo verás que, aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.
No sé bien cuál es mi lista de aprendizaje. Esos nuevos valores que el tiempo me ha ayudado a guardar bien dentro. Con el tiempo he aprendido que no todo lo eficiente merece la pena. Y las prisas no traen nada nuevo. Con el tiempo sé que lo que hoy no disfrute mañana lo echaré de menos.
Y si hoy no amo bien a los que tengo cerca, quizás mañana se hayan ido, antes de que me dé cuenta. Con el tiempo he aprendido a vivir el presente, a degustarlo, gota a gota. Y aprendo a no pensar en lo que podía haber sido.
El tiempo me ha enseñado que las cosas tienen el valor que yo les doy, ni más ni menos. Y por eso me da miedo dejar de lado lo que de verdad importa. Las personas que me importan, los lugares que amo, las vivencias que me llenan.
Con el tiempo he aprendido a mirar la derrota y la victoria como aves de paso. No sé si lo he aprendido, pero deseo aprenderlo. Los triunfos hoy están y mañana se han ido. Igual que los fracasos. He aprendido a decir lo que pienso, lo que siento, para no reprocharme más tarde no haberlo hecho a tiempo.
Con el tiempo he aprendido a decir que no cuando es no y a mantenerme fiel en el sí, cuando es sí lo que deseo. He decidido besar la verdad de mi vida, y despojarme de los disfraces que protegen mi alma. A un lado arrojo las máscaras. Que no me dejan ser verdadero.
Con el tiempo me he puesto a picar el muro que cubre mis heridas. Para dejar que entre la luz, el aire, y se cuele Dios por la rendija. Es verdad que me da miedo el dolor, pero he aprendido que es más sano vivir abierto que vivir escondido.
Una poesía dice así: Por haber amado tanto me ha tocado a mí sufrir. Llorar cuando ya no tengo, sentir la ausencia en el tiempo. Es duro el paso del tiempo, que cuanto más he amado, más sé que temo perder. Será mi camino frío, en la ausencia de quien amo. Será mi vida un desierto. Lo sé. Es tal vez por eso, sí, por eso, que temo tanto la muerte, habiendo amado la vida.
Con el tiempo he comprendido que amar merece la pena. Aunque me toque sufrir. Y que al final del camino soy yo mi mejor compañía. Y no quiero estar todo el día huyendo de mi verdad, de mi soledad, de mí mismo.
He decidido por eso pintar en un cuadro el color de mi alma. Pongo vivos colores. No me gustan los tonos grises. Alargo mis formas, al estilo del Greco. Pareceré más alto, quizás más cerca del cielo.
Y dejaré a mis pies una zarza ardiendo. Expresión del amor que no quiero que pase. De la vida más honda que yo quiero vivir. De la pureza eterna que anhelan hoy mis ojos. Pintaré mi vida como una sucesión de sueños. Enraizada mi alma en lo más hondo de la tierra, gruesas raíces. Y anclada al mismo tiempo, no sé muy bien cómo, en un mar verde y hondo.
Hoy, con el paso del tiempo, aprendo que las melodías están grabadas en el alma para siempre. No se olvidan. Nunca mueren. Y los temas principales de mi vida se repiten cada día. Y no me asusto con mis lágrimas cuando vuelven. Sé que he llorado mucho. Y me ha dolido la vida
Tal vez por haber amado.
No me siento seguro en mis risas. Pero me gusta reírme a carcajadas. Sé muy bien que muchas alegrías son pasajeras. Tampoco importa. El paso del tiempo no sana las heridas. Eso no. Al recordar el dolor quizás lo siento muy vivo.
Pero el paso del tiempo me enseña que mi herida es la grieta de luz por la que entra la vida y la esperanza. Y se cuelan los sueños y con ellos, Dios en mi alma. Aunque a veces lo olvide. Cuando el dolor es hondo. Con el paso del tiempo quiero más a mi Dios, que camina conmigo. Que es presencia muy viva en mi alma de una luz que aviva mis colores. Una luz más fuerte que al comienzo del camino.
El paso del tiempo cuenta. Lo he vivido. Aunque alguien me diga que no tienen valor los años que acumulo. Me miran con desprecio al almacenar días. Mis canas me delatan, mi torpeza, mi memoria, mi sabiduría, mis conocimientos.
Algunos no los valoran. Los desprecian. Parece que ya no cuenta si soy o no más sabio. Como si el valor por encima de todos los valores fuera el de no cumplir años, el de no dejar nunca de ser joven. Me gustaría tener una vida entera abierta ante mí como cuando era niño. Pero a la vez comprendo que es mucho mejor lo que ahora veo, alzado sobre mis años.
Veo esa nueva oportunidad para tomar decisiones. Ese nuevo comienzo 
que Dios me regala al darme la vida. Un nuevo día. Puedo decidir siempre de nuevo. Puedo elegir un final feliz para mi historia.
Me gustaría amar lo que ahora tengo, en lugar de vivir angustiado por lo que nunca ha sido. Quiero purificar mi memoria, que el tiempo ha dejado herida. Se la entrego a mi Dios para que calme mis ansias. Alegre mis penas. Llene de luz mis sombras.
No tengo miedo a vivir. Porque ya he vivido mucho. No quiero tener más poder. Ni más fama. Ni más gloria. No deseo cumplir las expectativas del mundo. Ni que todos me quieran.
En la película The Greatest Showman. escucho: No hace falta que te quiera todo el mundo, basta con unas pocas personas. Así quiero vivir. Me lo ha enseñado el tiempo. Si no le gusta a alguien la forma como vivo. Ni aplaude mis palabras. No temo. Sigo firme. No busco complacer. Sólo a mi Dios le importa. Y Él, mejor que nadie, conoce lo que siento.



aleteia.com

Los adultos mayores tienen una opinión optimista de la vejez

Las personas de 60 años o más dicen, según encuestas, sentir mayor satisfacción con la vida que la gente más joven. Los jóvenes tienen mucho más que esperar de lo que imaginan cuando se trata de envejecer. Según una nueva encuesta de AARP que compara las creencias sobre la vejez entre distintos grupos de edad, los jóvenes adultos son los más pesimistas sobre el paso de los años, mientras que los mayores pintan la vida color de rosa.

Casi la mitad (el 47%) de las personas entre 18 y 39 años cree que es “normal estar deprimido al envejecer”. No es así, según individuos de 60 años o más: solo el 28% está de acuerdo en que sentirse deprimido es normal, y apenas un 10% dice que la edad adulta es “una etapa deprimente de la vida”.
¿Y quién está menos satisfecho con su vida? El grupo más joven: el 40% dice que “no está muy (o para nada) satisfecho” con su vida, en comparación con el 33% de las personas de 60 años o más y el 28% de aquellas de 40 a 59 años.
Cuando se les preguntó cuál es su punto de vista sobre los aspectos mental, físico y social del envejecimiento, el grupo más joven se sintió consistentemente más triste que el grupo de más edad. Creen que se sentirán menos optimistas a medida que envejezcan (un 32% en comparación con el 17%); que serán más lentos mentalmente (un 26% en comparación con el 14%); que les será más difícil levantarse y salir (un 31% en comparación con un 18%); y que tendrán menos conexiones sociales y relaciones personales (un 42% en comparación con un 27%). El grupo de mediana edad estuvo de acuerdo en un 25%, un 21%, el 25% y el 30%, respectivamente.
“Los hallazgos de esta nueva encuesta son una confirmación más de algo que mucha gente, en especial las personas mayores, sabe instintivamente, que puede ser genial estar en la edad avanzada”, expresó Jo Ann Jenkins, directora ejecutiva de AARP. “También sirve para recordarnos, con dureza, que todos nos enfrentamos a distintas asociaciones negativas en torno a la vejez. Pero, como muestra esta encuesta, a menudo se equivocan”.
Si bien los adultos mayores apuntan a una valoración optimista de su propia vida, tienen una visión menos optimista de cómo los tratan las industrias que se dirigen al consumidor.
Un total del 80% de las personas de 60 años o más dice que la industria de la moda sirve mejor a los consumidores más jóvenes. Juzgan con igual dureza a la industria tecnológica (el 70%), la industria deportiva (el 72%) y la industria del entretenimiento (el 60%).
Las mayorías más pequeñas de personas de entre 40 y 59 años comparten la opinión de que los más jóvenes están mejor servidos: el 71% para la moda, el 66% para la tecnología, el 61% para los deportes y el 57% para el entretenimiento. Los más jóvenes son significativamente menos propensos a verse a sí mismos como poseedores de una ventaja: un 59% cree que la moda sirve mejor a los jóvenes, un 54% ve la tecnología de esa manera, un 47% dice que se trata de la industria del deporte y un 49% dice que la industria del entretenimiento sirve mejor a los consumidores más jóvenes.
“A pesar del enorme y creciente tamaño de la población de 60 años o más, que ya representa más de $7.1 billones de gasto anual en Estados Unidos, no vemos que se desarrollen muchos productos y servicios específicamente con sus intereses y necesidades en mente”, dijo Jenkins.

AARP realizó una encuesta en la que sondeó una muestra representativa a escala nacional de 2,601 personas adultas, de las cuales 1,027 tenían entre 18 y 39 años, 924 entre 45 y 59 años, y 650 tenían 60 años o más.

arrp.com

sábado, 6 de enero de 2018

Cómo evaluar un año que termina

¿Sabes qué significa el tiempo vivencial a diferencia del tiempo cronológico? ¿Sabes que el ocio es un tiempo precioso?
Es una práctica muy antigua reflexionar sobre lo que finaliza, meditar sobre lo vivido, evaluar lo realizado: desde un examen cotidiano al finalizar cada día hasta cada fin de año, las personas hacen “balances”. Pero ¿qué es lo que solemos evaluar? ¿Si fue un año exitoso o no? Creo que uno de los grandes dramas de nuestro tiempo es el reduccionismo de los logros en categorías de éxito o fracaso, productividad y resultados obtenidos. ¿Qué es lo realmente importante en la vida de una persona al pasar el tiempo?
¿Por dónde empezar?
Para una mejor calidad de vida y una vivencia más humanizante del tiempo deberíamos preguntarnos: ¿cuánto fuimos capaces de amar? ¿Cuánto amor hemos brindado y cuánto nos hemos dejado amar? ¿Cuánto hemos perdonado? ¿Cuánto tengo para agradecer? ¿Cuánto he reído? ¿Cuánto he aprendido? ¿De qué cosas me he liberado? ¿Cómo han sido nuestros vínculos? ¿Cuánto hemos disfrutado de la vida cotidiana?
Tomarse el tiempo para reflexionar sobre lo vivido desde el agradecimiento, nos permite ver con ojos nuevos toda la vida y no solamente hacer cálculos de días “buenos o malos”. Hacer memoria agradecida nos hace ver mejor, nos ayuda a no ahogarnos en el presente y a ensanchar nuestro horizonte. Tal vez lo que más nos cueste sea hacernos tiempo para pensar en nuestro modo de vivir.
También es importante aprender a compartir nuestras vivencias. Compartir con los demás, con quienes nos aman, con quienes vivimos, es algo en lo que siempre debemos reparar, porque compartir ensancha el corazón y nos ayuda a vivir mejor. Escribe el monje benedictino M. Menapace que: “las alegrías cuando se comparten se agrandan. En cambio, con las penas pasa al revés. Se achican”.

No hay años buenos o malos

Muchos prefieren echarles la culpa a los astros de cómo les va en la vida, pero lo cierto es que no estamos determinados por poderes mágicos y ocultos, sino que gran parte de lo que vivimos depende de nuestras decisiones, de cómo vivimos el día a día, del sentido que le damos a nuestra vida.
Es cierto que no todo depende de nosotros, pero cómo vivimos lo que nos toca vivir solo depende de nuestra voluntad, de nuestra actitud ante la vida y ante los demás.
Más de lo que creemos depende de nosotros para ser felices.
Crear un ambiente saludable en el hogar y en el trabajo, dedicar tiempo al descanso, a la meditación, a la oración, al diálogo profundo con los demás, es algo que depende solo de la voluntad de querer hacerlo.
La calidad de nuestros vínculos, la profundidad de nuestras conversaciones, los gestos de amor y perdón, de ternura y compasión, dependen de nosotros.
Esto no significa que los problemas no existan. En la vida hay siempre problemas a resolver y dramas sin solución, que provocan un inmenso dolor a muchas personas. Sin embargo, la actitud con la cual enfrentamos lo que nos toca vivir hace la diferencia.
Nos haría bien compartir más con los demás, abrir más el corazón y no buscar afanosamente tantos resultados “positivos” de lo que hacemos.
Hasta de los fracasos se aprende y no hay que tenerle miedo a equivocarse, a fallar, a caer, porque siempre se crece, se aprende y nos fortalecemos interiormente si sabemos aceptar nuestros límites.
La gente más feliz no es la que no tiene problemas, sino la que tiene un corazón agradecido. Quienes solo se quejan, no disfrutan de nada. En cambio, quienes con un sano realismo ven lo que está mal, luchan para cambiarlo, pero no dejan de agradecer, no pierden la alegría. ¿Dónde ponemos la mirada al evaluar cada día o el fin de un año?

¿Cuál es la medida de tu tiempo?

En los días festivos nos gusta compartir, encontrarnos con familiares y amigos.  Pero ¿qué es lo realmente compartido? Si compartimos un momento superficial, nos quedaremos siempre vacíos, pero si compartimos en profundidad, desde el corazón, siempre quedamos transformados y habrá auténticos motivos para celebrar.
Los griegos diferenciaban el tiempo cronológico con el término kronosy el tiempo vivencial con el término kairós. La medida del tiempo vivencial no suele coincidir con la medida del reloj y las agendas. Un día puede ser eterno para algunos y pasar muy rápido para otros. ¿Qué es lo que hace que el tiempo sea valioso? ¿Solo la cantidad?
Los momentos importantes de la vida no se miden con el reloj ni la agenda, sino con el corazón, cuando el otro es el que importa. Hablando del amor y la vivencia del tiempo, J. L. Borges lo expresaba así: “Estar contigo o no estar contigo, es la medida de mi tiempo”. 

Tiempo, productividad y descanso

Nietzsche en la “Gaya ciencia” se lamenta de la abolición del ocio, de lo gratuito: “Se vive con el reloj en la mano (…), vivimos como quien permanentemente podría perderse algo. Mejor hacer algo que nada”. Hay una gran pérdida de humanidad cuando pierde su valor el tiempo ocioso, el tiempo gratuito, el encuentro con los otros que no busca resultados, sino la alegría del compartir.
Los filósofos de la Antigüedad elogiaban el tiempo ocioso como el tiempo para la creatividad y el desarrollo del pensamiento. Tener tiempo libre era un privilegio, hoy parece que cada minuto tiene que estar ocupado para que tenga valor.
La tradición bíblica invita al hombre a vivir con sabiduría, a descubrir la plenitud que podemos encontrar en cada instante de la vida.
El hombre es llamado a valorar el tiempo con alegría y con un corazón agradecido.

El descanso, ¡qué importante!

Si hoy nos cuesta descansar de verdad, es porque hasta el descanso se ha vuelto una obligación y ha perdido su dimensión gratuita. El descanso no es lo opuesto al trabajo, porque el trabajo realizado con sentido también es una forma de descansar. Quien aprende a descansar en la vida cotidiana, a disfrutar de lo pequeño, de lo diario, es capaz de disfrutar de sus vacaciones.
Pero cuando vivimos en una sociedad del rendimiento y de la productividad, cuando llegan las vacaciones, son una ilusión que pasa rápido porque no hemos aprendido a descansar cotidianamente, porque tal vez hemos olvidado el arte de vivir gozosamente, agradecidos.

El paso de un año al otro

Un año termina y comienza otro, pero es solamente una forma de medir el tiempo cronológico; lo que realmente importa es la calidad del tiempo vivido.
Las agendas del año que terminan tienen sus páginas abarrotadas del hacer y el que viene está por escribirse.

La diferencia no estará en cómo llenar la agenda sino en cómo decidimos vivir cada día de nuestra vida, para que al terminar un año podamos dar gracias porque hemos crecido, hemos perdido y ganado, hemos llorado y reído, en suma, dar gracias porque vivimos haciendo que valga la pena vivir.


Consulta al sexólogo: ellos lo hicieron

Aquí tienes 3 ejemplos de personas que han acudido a un especialista, desde el respeto por su fe, para resolver problemas ligados a su sexualidad.
¿Que los católicos y el sexo no hacen buena pareja? En cualquier caso, esa es la imagen que la Iglesia da a quienes quizás no tengan acceso a sus enseñanzas. Y es que Amoris Laetitia, por ejemplo,habla positivamente del erotismo y el mismo Jesús resucitado escoge como primera portavoz a una mujer, y además antigua prostituta. Entonces, ¿qué relación tienen los católicos con el sexo y a quién hay que consultar cuando la sexualidad se convierte en problema?
Religión y sexo: ¿qué relación hay?
Católica y consejera matrimonial, Nathalie Lovenbruck acaba de escribir Aimer de tout son corps: vers l’harmonie sexuelle [Amar con todo el cuerpo: hacia la armonía sexual]. Si ella deseaba escribir este libro era precisamente “porque la gente que encuentro tiene aspiraciones profundas a través de su sufrimiento y tanteos. Me maravillo en su búsqueda de relación y quería ofrecerles una perspectiva cristiana para dar coherencia a lo que puedan vivir”.
Para esta especialista en pareja, “la sexualidad es un camino de respeto, de entrega y de conocimiento del otro. El hecho de que Dios se haya encarnado y elegido convertirse en un ser de relación ofrece todo su sentido a la sexualidad humana, que está llamada a ser su reflejo, extrayendo de ahí su fuente. Vemos que la sexualidad encuentra su significado en una relación de amor, una dimensión que la sociedad oculta, lo cual es causa de sufrimiento. La sexualidad no se limita a la genitalidad, sino que concierne a las personas en todas sus dimensiones, en la aceptación de la diferencia”.
A veces es un camino doloroso, especialmente para algunos cristianos que están divididos entre sus aspiraciones y la pobreza de lo que experimentan. No obstante, este camino está señalizado, sobre todo por la teología del cuerpo de san Juan Pablo II, y para el que es posible una ayuda concreta, en particular con algunas citas con un sexólogo.

¿Qué pasa en la consulta del sexólogo?

El proceso estresa a la gente, como si ir a ver a un sexólogo pudiera empeorar las cosas o estuviera reservado a los casos “graves”. Algunos católicos estarían tentados de espiritualizar todo, una especie de huida de la introspección psicológica. ¿Pero qué hay de aquellos que se 
arriesgan a ir? Le hemos pedido a Olivier y Marie-Noël Florant que compartan su experiencia como cristianos y sexólogos.
Es gracias al boca a boca que los católicos acuden a consultarles, pero también gracias a un libro con un título impactante, publicado en la editorial Presses de la Renaissance, Ne gâchez pas votre plaisir, il est sacré; pour une liturgie de l’orgasme [No desperdicies tu placer, es sagrado; por una liturgia del orgasmo].
Este título también le valió a Olivier Florant una cierta cobertura mediática, permitiéndole dar al público en general una perspectiva diferente a la que se suele ofrecer sobre el sexo en los medios de comunicación. Para Aleteia, los sexólogos presentan tres testimonios para entender mejor el meollo de lo que sucede en una consulta de sexología.

Ejemplo n.° 1: de la pornografía a la ternura conyugal

Esta joven pareja, a quienes llamaremos Anne y Paul, lleva casada menos de un año. Paul tiene 30 años y trabaja en el campo de la informática. Anna tiene 28 y trabaja en el ámbito de lo social. La pareja consulta siguiendo el consejo del sacerdote que les casó, porque la joven encuentra que su marido ha sido muy brusco en sus primeras relaciones. Ella todavía no ha sentido un orgasmo, y reclama atención a su insatisfacciónEl marido está desmoralizado y pide ayuda.
Durante su preparación al matrimonio no se abordó el tema de la sexualidad. Paul, por su parte, tuvo un periodo de consumo de pornografía en Internet, el cual ha representado la esencia de su “formación”. El sexólogo les ha propuesto ejercicios que pueden efectuar en casa en un periodo de quince días para descubrirse mutuamente. Así, aprenderán a hablar de sus deseos en materia de lenguaje del amor, caricias, palabras cariñosas, aumento de la excitación, ambientación, etc.
Gracias a un mínimo de conocimientos enseñados por el sexólogo, la joven pareja será capaz de gestionar su deseo y placer en el marco de la fidelidad conyugal y el respeto mutuo. ¡El amor es un arte!
Al final de la primera entrevista, los cónyuges recibieron con una sonrisa la ficha escrita con los ejercicios. Encontraron lo que estaban buscando. Una segunda cita, 15 días después, permitió al sexólogo constatar que la pareja comprendía plenamente y realizaba el “viaje de descubrimiento del erotismo”, término validado por el papa Francisco en su exhortación Amoris Laetitia.

Ejemplo n.° 2: encontrar el deseo femenino 

Una mujer de 40 años decide consultar a un sexólogo para poner fin a su ausencia de deseo. Hay que decir que la pareja practica el método Billings, que presenta algunas dificultades resumidas así por la paciente: “Cuando yo tengo ganas, no podemos, y cuando podemos después de la ovulación, ya no tengo ganas”.
La mujer propuso este método a su marido para controlar su fertilidad, y él respetó su elección, pero eso trae dificultades a la pareja debido a la falta de deseo de la esposa. El deseo femenino generalmente es más fuerte cuando el nivel de hormonas femeninas relacionadas con el crecimiento de los ovocitos (estrógenos) es máximo. Sin embargo, en la mayoría de las especies sexuadas, es la fertilidad de la hembra lo que desencadena los procesos de cortejo, celo y fecundación. Incluso si un esposo acepta un método de abstinencia temporal, necesita sentir el deseo sexual de su esposa. Cuando eso solamente se produce durante su periodo fértil, ¿qué hacer?
Por tanto, el sexólogo propuso que la actividad amorosa de la pareja no se suspendiera durante el periodo fértil, aunque el marido aceptaría privarse momentáneamente de la eyaculación. La mujer puede pedir que él le provoque placer y así expresar su deseo. Esta operación requiere entrenamiento que será acompañado en consulta durante algunas entrevistas.
En este caso, gracias al sexólogo, la mujer pudo expresar su deseo, recibir ternura y caricias, incluyendo orgasmos. Así, por gratitud a su marido que aprende a esperar el “momento apropiado”, su deseo persiste durante el período infértil.

Ejemplo n.° 3: atreverse a confesar la homosexualidad

Una joven consulta él solo a un sexólogo. Es homosexual y teme revelárselo a sus padres. Este joven es cristiano, sus padres están comprometidos en la Iglesia. En las últimas semanas, había mentido a sus padres diciéndoles que se marchaba de viaje con una joven, cuando en realidad era un chico.
Entonces, la conversación de ayuda se centró en su proyecto de vida, sus estudios y su futuro oficio y sobre el sentido que tendrá su compromiso cristiano en estos aspectos. En otras palabras, la vida, y la vida cristiana, no se reduce a la orientación sexual.
Más bien, la cuestión iría en torno al sentido dado a los compromisos de vida, incluso en la esfera relacional. ¿Qué significa estar enamorado, especialmente en el caso de un amor atípico, prohibido o deshonrado por su medio social?
No se puede convertir a una persona heterosexual en homosexual… ¡Y tampoco a la inversa! Por otra parte, se plantea la cuestión de vivir conforme a sus propios valores en su sexualidad. Lealtad, continencia, fecundidad…
Esta construcción de confianza y perspectiva de vida tratada durante la primera entrevista con el sexólogo permitió al joven atreverse a desvelar su homosexualidad a sus padres. Y para su gran sorpresa y alivio, escuchó a sus padres decirle: “Pero, querido, hace mucho tiempo que ya lo habíamos notado”.
“Mis padres me quieren realmente tal como soy”, puede que se haya permitido pensar. El amor salió victorioso y este intercambio fue para él una verdadera liberación. Entonces se sintió más libre para abordar las verdaderas preguntas, el verdadero camino: ¿a qué me llama la Vida? ¿Cómo puedo vivir mi confianza en el Amor divino en una vida de hombre del siglo XXI, homosexual o no? La verdad libera, dice Aquel que también dice que es la Vida y el Camino.

Para ir más lejos

La visión cristiana de la sexualidad, y las vías que respetan la unidad de la persona, son cada vez más numerosas. Médicos, sacerdotes y consejeros matrimoniales ponen hoy su experiencia al servicio de una sexualidad armoniosa y respetuosa de la vocación de las personas.

Los Forum Wahou

Estos foros se organizan para promover la teología del cuerpo a través de dos días de enseñanza y diálogo para todos los públicos. El próximo, dedicado a la atención de sacerdotes y seminaristas, se celebrará en Ars, Francia, los días 15 y 16 de enero de 2018. Una iniciativa muy joven que ya está presente en una decena de diócesis francesas deseosas de dar a los cristianos la posibilidad de vivir concretamente las enseñanzas de la teología del cuerpo, que pueden parecer abstractas o incluso imposibles de proponer a un mayor número de personas.

Aimer de tout son corps, vers l’harmonie sexuelle, editorial Emmanuel

En esta obra tan completa encontramos consejos y testimonios para vivir una sexualidad satisfactoria. Ternura, comunicación benévola, pornografía, masturbación, castidad, caricias… Para cada tema, consejos escritos en un lenguaje accesible.
Nathalie Lovenbruck, consejera matrimonial y familiar, escribió este libro con el punto de vista de su esposo. Puede leerse por fragmentos y convertirse en una forma de abordar en pareja una dificultad, con aclaraciones concretas para progresar.

La relation conjugale : liturgie de l’amour, editorial Des Béatitudes

En este libro, Olivier Belleil “quiere expresar la convicción de que el Evangelio aporta una buena nueva a las parejas, en todas las dimensiones de su amor, también en su sexualidad conyugal”. Propone un acercamiento entre la relación conyugal y la Eucaristía en sus diferentes fases: petición de perdón, liturgia de la palabra, ofrenda, comunión, acción de gracias, envío en misión. En un lenguaje verdadero y lleno de humor, apoyándose en ejemplos concretos extraídos de la vida cotidiana, levanta muchos tabúes, miedos, palabras no dichas y sufrimientos ocultos. Quiere “permitir a las parejas recuperar la conciencia gozosa de que su sexualidad es una bendición de Dios, una buena noticia de amor”.

Sortir de la pornographie, editorial Emmanuel

La pornografía tiene un impacto doloroso sobre la sexualidad. Este libro para salir de la pornografía es un camino accesible y completo para que los adultos puedan recuperar la libertad de amar. Nos quitamos el sombrero por la calidad del fondo, la disposición en la página que hace sencilla la lectura y los excelentes dibujos que refuerzan el impacto de los textos.

Les traité des caresses, del doctor Gérad Leleu, editorial J’ai lu

Los buenos gestos no siempre son naturales. Este pequeño libro “tratado de las caricias” desbloqueará ciertas situaciones y será la base de un diálogo que permita expresarse mejor y entregarse mutuamente.


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Conservacion de alimentos y almacenamiento