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miércoles, 13 de septiembre de 2017

Lolo, periodista paralítico y ciego hacia los altares.

La beatificación de este periodista, destacando su «integridad profesional» y su deseo de que los periodistas conozcan esta figura y «Sientan a Lolo» 
Lolo, periodista paralítico y ciego hacia los altares
JAÉN, miércoles, 3 octubre 2007 .- La Congregación de cardenales y obispos miembros de la congregación para la Causa de los Santos dio este martes su dictamen favorable, de manera unánime, al estudio sobre «vida y virtudes heroicas» de Manuel Lozano Garrido (Lolo), periodista paralítico y ciego.


Según informó el postulador de la Causa, don Rafael Higueras, los cardenales y obispos analizaron el estudio previo favorable realizado por la Comisión de teólogos, formado por nueve miembros, que en meses pasados redactaron la llamada «Relatio et vota».Tras la aprobación, sólo falta la confirmación por parte del Santo Padre con la firma del Decreto de Virtudes Heroicas, que permitiría proclamar a «Lolo» como «Venerable».Para la Beatificación es necesaria la aprobación de un milagro debido a su intercesión.
En declaraciones a la agencia Véritas, Rafael Higueras subraya la oportunidad de la beatificación de este periodista, destacando su «integridad profesional» y su deseo de que los periodistas conozcan esta figura y «sientan a Lolo». Además, en un momento en el que amenaza la sombra de la eutanasia, Higueras concedió especial importancia a la experiencia de sufrimiento de Lolo, que era testigo en primera persona del «valor de la vida» (quedó paralítico a los 23 años y ciego a los 42). Higueras destacó asimismo que «sin los cimientos de la Acción Católica» --a la que Lolo perteneció desde joven-- no hubiera sido posible su «vida heroica». De la vida espiritual de Lolo, Higueras puso de relieve su «devoción eucarística y su amor a la Virgen». Los Grupos Sinaí de oración por la Prensa, fundados por Lolo, están constituidos en la actualidad por veinte Monasterios de religiosas en España y dos en el extranjero. Cada uno de los grupos tiene encomendado rezar por el medio de comunicación asignado, entre los que se encuentran el Pontificio Consejo de para las Comunicaciones Sociales, Radio Vaticano, las Agencias Zenit y Veritas, Popular TV, Alfa y Omega, Vida Nueva, la UCIP-E o la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, según la información facilitada por la Asociación Amigos de Lolo.



Semblanza de Manuel Lozano Garrido

Manuel Lozano Garrido «Lolo», nació en Linares (Jaén) el 9 de agosto de 1920 y murió en la misma ciudad el 3 de noviembre de 1971. Ingresó en el aspirantado de Acción Católica a los once años, adquiriendo en su seno una profunda formación espiritual que le hizo vivir con alegría su enfermedad. Durante los largos años de enfermedad, recibía a diario la Eucaristía, a la que tenía una gran devoción. Durante la Guerra Civil Española, siendo Lolo todavía adolescente, distribuía la Comunión a personas que sufrían encarcelamiento, que él también sufrió a causa de sus ideales cristianos. Fue acentuada su devoción a la Virgen, a la que rezaba diariamente el Rosario y a la que dedicó algunos de sus escritos. Comenzó a desarrollar su trabajo profesional como periodista en medios de comunicación como el diario «Ya», «Telva», «Vida Nueva», la agencia «Prensa Asociada», «Signo» ... 

Su enfermedad se inició en 1942 y sólo un año después tenía ya una invalidez absoluta. En 1962 perdió la vista.A pesar de su enfermedad recibió importantes reconocimientos profesionales en España, como el «Premio Bravo». En 1956, fundó la Revista «Sinaí» para enfermos. Algunas de sus obras, como «El sillón de ruedas» (primer libro escrito en 1961); «Las estrellas se ven de noche» (obra póstuma); o «Cuentos en “la” sostenido», han sido publicados Por Edibesa. De 1994 a 1996 tuvo lugar la fase diocesana de su proceso de beatificación, iniciándose luego la apertura da la Fase romana.



Fuente: Agencia Veritas 

El Vaticano: «El primer derecho del niño es el de nacer»


La Santa Sede ha tomado la palabra ante el Consejo de Derechos Humanos de Ginebra para recordar que «el primer derecho del niño es el de nacer»

La Santa Sede ha tomado la palabra ante el Consejo de Derechos Humanos de Ginebra para recordar que «el primer derecho del niño es el de nacer». Portavoz de la posición de la Iglesia fue el 23 de marzo el arzobispo Silvano Tomasi, C.S., observador permanente de la Santa Sede ante la Oficina de las Naciones Unidas y otras Organizaciones Internacionales en Ginebra. Al dirigirse a la cuarta sesión del Consejo de reciente creación, el representante papal recordó que «la Convención de la ONU sobre los Derechos de los Niños atribuye a los pequeños los derechos fundamentales de una persona; reconoce que son iguales y que tienen la misma dignidad que los adultos».
«En muchos casos, debido a la falta de buena voluntad y de recursos, no se aplican las medidas legales y las políticas sociales, teniendo graves consecuencias para los menores, que a menudo son las primeras víctimas del hambre y de las guerras», afirmó el prelado, según refiere el Vatican Information Service. Por otra parte, añadió el nuncio apostólico, «a muchos niños se les niega el derecho a la vida; la selección prenatal elimina tanto a los niños que tienen la probabilidad de nacer con alguna discapacidad, como a las niñas por razón de su sexo, negándose así el valor propio e intrínseco de las personas discapacitadas y de las niñas a ser miembros de la familia y de la sociedad». El arzobispo Tomasi subrayó que «el primer derecho del niño es el de nacer y ser educado en un ambiente familiar acogedor y seguro, donde se garantice su crecimiento físico, psicológico y espiritual, donde desarrolle su capacidad y donde la conciencia de la dignidad personal sea la base de las relaciones con los demás y para afrontar el futuro».

Tras poner de relieve que el Estado y la sociedad deben «sostener a la familia para que pueda desempeñar su propia tarea», el observador permanente recordó que la Iglesia católica, «con sus 300.000 instituciones sociales, caritativas y educativas trabaja diariamente por asegurar una educación de la infancia orientada a la creatividad y a la paz y al desarrollo de sus talentos, y que permita la reintegración de los menores abandonados y de los que han sufrido abusos en sus propias familias y si es posible en la sociedad». «Defender los derechos de los niños y eliminar todas las formas de violencia contra ellos—concluyó-- sigue siendo un desafío para la comunidad internacional. Los buenos resultados se alcanzarán si se da prioridad al papel natural de la familia y si la cultura pública reconoce que también el niño es una persona humana en plenitud».



Por: Vatican Information Service

martes, 12 de septiembre de 2017

La atención a los discapacitados, termómetro de la calidad de vida


Los derechos y obligaciones son iguales para todos los seres humanos, no únicamente para los sanos. La sociedad debe ayudar a las personas con discapacidad para que puedan desarrollar todos sus dones; esa es la base de las sociedades justas y solidarias. La calidad de vida de una comunidad se mide por la asistencia que ofrece a los más débiles, en particular a los discapacitados, afirma Juan Pablo II. El pontífice ha dedicado a este argumento el mensaje que ha enviado a los participantes en el Simposio Internacional sobre «Dignidad de la persona con discapacidades mentales» que se está celebrando en el Vaticano del 7 al 9 de enero por iniciativa de la Congregación para la Doctrina de la Fe. La iniciativa tiene lugar al concluir el «Año europeo de las personas discapacitadas». En el texto, el Papa comienza ilustrando las visión cristiana sobre el argumento: «la persona discapacitada, incluso cuando está herida en la mente o en sus capacidades sensoriales e intelectivas, es un sujeto plenamente humano, con los derechos sagrados e inalienables propios de toda criatura».

«El ser humano, de hecho, independientemente de las condiciones en que desarrolla su vida y de las capacidades que puede manifestar, posee una dignidad única y un valor singular a partir del inicio de su existencia hasta el momento de la muerte natural», aclara el amplio mensaje. «La persona del discapacitado, con todas sus limitaciones y sufrimientos, nos obliga a preguntarnos, con respeto y sabiduría sobre el misterio del hombre», reconoce el obispo de Roma. «Cuando más nos adentramos en las zonas obscuras y desconocidas de la realidad humana, más se puede comprender que precisamente en las situaciones más difíciles e inquietantes emerge la dignidad y la grandeza del ser humano», subraya. «La humanidad herida del discapacitado nos desafía a reconocer, acoger y promover en cada uno de estos hermanos nuestros el valor incomparable del ser humano creado por Dios», explica el texto pontificio.

«La calidad de la vida dentro de una comunidad se mide, en buena parte, por el compromiso en la asistencia a los más débiles y a los más necesitados y en el respeto de su dignidad de hombres y de mujeres», aclara.


«El mundo de los derechos no puede ser sólo prerrogativa de los sanos --insiste--. Se deberá facilitar la participación de la persona con discapacidad, en la medida de lo posible, en la vida de la sociedad y ser ayudada a desarrollar todas sus potencialidades de orden físico, psíquico y espiritual».


«Una sociedad que diera únicamente espacio a los miembros plenamente funcionales, totalmente autónomos e independientes, no sería una sociedad digna del ser humano», afirma tajantemente.

«La discriminación en virtud de la eficiencia no es menos condenable que la que se realiza en virtud de la raza o el sexo o la religión», explica. Al mismo tiempo reconoce que «se da una forma sutil de discriminación en las políticas y en los proyectos educativos que tratan de ocultar o negar las deficiencias de la persona discapacitada, proponiendo estilos de vida y objetivos que no corresponden a su realidad y que al final son frustrantes e injustos». «Al reconocimiento de los derechos le debe seguir, por tanto, el compromiso sincero de todos para crear condiciones concretas de vida, estructuras de apoyo, garantías jurídicas capaces de responder a las necesidades y a las dinámicas de crecimiento de la persona discapacitada y de aquellos que comparten su situación, a partir de sus familiares», pide el documento Papal. «Las personas con retraso mental tienen quizá más necesidad de atención, de cariño, de comprensión y de amor --constata--: no se les puede dejar solos, inermes o desprotegidos, en la difícil tarea de afrontar la vida».





Por: Juan Pablo II

Francisco critica la discriminación a las personas con discapacidad en algunas parroquias.


El Papa, en la audiencia con los participantes de un Congreso para personas con discapacidad, recuerda que las diferencias son la riqueza y nos hacen crecer.

(Ciudad del Vaticano, 11 de junio de 2016). - Los sacerdotes necesitan más “apostolado de la oreja”. Lo ha indicado el papa Francisco a los participantes del Congreso promovido por el sector para la catequesis de las personas discapacitadas de la oficina de catequesis nacional italiana en ocasión del 25ª aniversario de su institución. Además, ha criticado la discriminación que las personas con discapacidad sufren en algunas parroquias. Siguiendo su idea de que “leer discurso es aburrido”, el Santo Padre ha preferido dejar de lado el texto que llevaba escrito y responder a las preguntas que le habían hecho, improvisando, en el Aula Pablo VI ante una multitud entusiasmada y alegre. 

En primer lugar, el Papa ha asegurado que “todos somos diferentes” y que “no hay uno que sea igual que otro”. Respondiendo a la primera pregunta que le ha hecho una de las participantes, el Santo Padre ha indicado que las diferencias nos dan miedo porque “ir al encuentro de una persona que tiene una diferencia grave es un desafío”. Es más cómodo –ha observado– no moverse, ignorar las diferencias. De este modo, el Papa ha precisado que “las diferencias son la riqueza” porque “yo tengo una cosa, y tú otra, y así hacemos algo grande”. Asimismo, el Pontífice ha asegurado que un mundo donde todos fuéramos iguales “sería un mundo aburrido”. Además, ha reconocido que hay diferencias que son dolorosas, pero también esas “nos ayudan”, “nos desafían” y “nos enriquecen”. Por eso ha invitado a no tener miedo nunca. Y para hacer este camino es necesario poner en común lo que tenemos. Al respecto, el Santo Padre ha señalado un gesto muy bonito que tenemos las personas: el apretón de manos. Es un gesto muy profundo porque “pongo en común lo que tengo contigo”, “te doy lo mío y tú lo tuyo”. Y es que, tal y como ha precisado, “las diferencias son un desafío, pero nos hacen crecer”.

La segunda pregunta, ha observado Francisco, le ha puesto en “dificultad”, porque tenía que explicar la discriminación que las personas con discapacidad sufren en algunas parroquias. Al respecto ha aseverado que la discriminación es una de las cosas más feas que hay entre nosotros. Y ¿qué tiene que hacer un párroco que no acepta a todos? “¡Convertirse!”, ha exclamado.Del mismo modo ha explicado que si una persona quiere hacer la comunión tiene que tener una preparación, y si no entiende el lenguaje, por ejemplo, porque es sordo, tiene que tener la posibilidad en esa parroquia de prepararse con el lenguaje de sordos. El Papa ha asegurado que la persona a la que le funcionan bien los cinco sentidos no significa que sea mejor. “Si tú eres diferente, también tienes la posibilidad de ser el mejor”, ha aseverado.

En esta misma línea ha recordado las críticas que recibió el papa Pío X cuando decidió que había que dar la comunión a los niños. Muchos se escandalizaron porque creían que un niño “no entiende”. Y este Papa hizo “de una diversidad una igualdad”. Porque sabía –ha precisado– que el niño entiende, de otro modo, y cuando hay diferencias entre nosotros se entiende de otra forma. Mientras recordaba que “cada uno de nosotros tiene un modo de conocer las cosas que es distinto” una niña con síndrome de Down que se encontraba en primera fila ha subido al escenario donde estaba sentado el Papa. Y así, Francisco ha aprovechado el gesto para asegurar que esta niña “no tiene miedo”, “corre el riesgo” y “sabe que las diferencias son una riqueza”. Nos ha dado una lección, ha indicado. Y por eso “nunca será discriminada, se sabe defender sola”, ha observado. Por último, ha respondido a la pregunta de un sacerdote sobre cómo acoger a todos.  El consejo que ha dado el Papa a un sacerdote que no sabe acoger a todos es “cierra la puerta de la parroquia, o todos o nadie”. Y si el sacerdote dice que “yo entiendo a todos, pero no puedo acoger a todos, porque no todos pueden entender”, la respuesta que le da el Papa es que “eres tú que no eres capaz de entender”.

Asimismo, reconociendo la gran labor en la pastoral que hace la Iglesia, el Santo Padre ha precisado que a muchos sacerdotes les falta más “apostolado de la oreja”, es decir, “escuchar”. Aunque el sacerdote diga que “es aburrido porque son siempre las mismas historias, las mismas cosas”, el Papa Francisco ha recordado que “no son las mismas personas” y que “el Señor está en el corazón de cada uno”. Por eso, ha concluido el Pontífice, “tienes que tener la paciencia de escuchar a todos”.







Por: Rocío Lancho García


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