https://youtu.be/4FQD6x9JWps

sábado, 18 de noviembre de 2017

10 Remedios caseros para la gripe


Olvídate de la gripe con estos 10 remedios caseros que tienen propiedades antimicrobianas y antiinflamatorias para ayudarte a combatir este virus. La miel, el ajo y el limón hacen parte de esta lista.

1.      Mostaza: Tiene propiedades antimicrobianas y anti inflamatorias que pueden ser útiles a través de inhalaciones. La mejor manera de usarla es hacer una masa pastosa con una cucharada de mostaza con harina y clara de huevo, untar un pañuelo con ese emplasto y luego ponerle otro pañuelo (como un sánduche). Antes de ponerlo en el pecho del enfermo hay que proteger su piel con aceite de oliva. ¿Parece una receta de cocina, verdad?
 
2.      Limón: El ácido del limón hace que las membranas mucosas le sepan mal a las bacterias y los virus. El aceite de limón (que le da al jugo esa fragancia) es antiviral, anti hongos y antinflamatorio, además de expectorante. Las altas dosis de vitamina c, por supuesto, suben las defensas del cuerpo. Todas las bebidas calientes para la gripa son siempre mejores con limón.
 
3.      Sauco: La infusión de las flores diminutas y blanco amarillentas de este árbol es bendita para la tos, las alergias y otras adversidades de las vías respiratorias porque, además de tener una acción sudorífica que baja la fiebre, también es diurético y hace que el cuerpo elimine rápidamente las toxinas a través de estas dos vías (el sudor y la orina). Así mismo actúa como calmante y aumenta la producción de secreciones bronquio alveolares.
 
4.      Sábila o aloe vera: Esta planta es una de las que más propiedades medicinales tiene, sobre todo en la recuperación de la piel. Pero si uno abre en dos mitades la penca, raspa los cristales con una cuchara y los pone en la licuadora con algo de miel y limón, puede asegurarse de que el catarro va a pasar mucho más rápido y la toz va a aflojar.
 
5.      Miel: Actúa como expectorante natural, mata microbios y es también un antioxidante, con lo cual previene el daño de las células y quita el dolor de garganta. La manuka, una miel que viene de Nueva Zelanda tiene propiedades antibacteriales y antivirus. Además de ayudar con cualquier gripa, está clínicamente comprobado que erradica infecciones por estafilococos que son resistentes a muchos antibióticos.

6.      Aceite de girasol: Los buches con aceite son una técnica de la medicina ayurvédica. El aceite activa enzimas digestivas para lograr una desintoxicación de la sangre y acaba con las bacterias en las mucosas de la boca. El buche con una cucharada de aceite de girasol o de ajonjolí (aceites extraídos en frío) debe hacerse en ayunas durante 20 minutos y solo se debe escupir cuando ya haya perdido su color amarillo. Además de ayudar a las infecciones respiratorias, restablece la flora intestinal y blanquea los dientes.
 
7.      Jengibre: La raíz fresca de esta planta sirve para hacer inhalaciones té que disminuyen la congestión nasal, quitan el dolor de garganta, reducen la sinusitis y alivian los dolores en las articulaciones. Si te lo comes con sushi u otras preparaciones orientales, también sirve. Las personas que usan anticoagulantes no deben ingerirlo en grandes dosis.
8.      Uña de gato: Aunque siempre aparece en recetas de brujería y cuentos de miedo, la uña de gato estimula el sistema inmunológico y aumenta la producción de glóbulos blancos y defensas. Es un poderoso antiviral y antialérgico.
 
9.      Ajo: Es mucho mejor para prevenirla que para combatirla. Debido a su fuerte olor, existen ya píldoras inholoras de ajo, aunque nunca está de más cocinar con este ingrediente que además de darle un toque delicioso a las comidas tiene una sustancia llamada alicina que es la responsable de sacar corriendo a la gripa de tu cuerpo. También se puede tomar como té, o incorporarlo a la miel caliente.
 
10.  Rábano: El jugo del wasabi occidental (como lo llaman los japoneses debido a que es de la misma familia que el wasabi) tiene un efecto descongestionante y expectorante. Si maceras un rábano e inhalas muy cerca, una sustancia llamada isotiocianato de alilo hará que respires mucho mejor. La fórmula es aún más efectiva si te pones un poco del rábano en la lengua. Por si fuera poco, parece que mata bacterias en el tracto respiratorio y en la boca.


 Por: Redacción ALO.co

¿Qué profesión estudio?


Hacer rendir el propio talento

E.M.Gray escribió hace unos años un ensayo bastante famoso, que tituló The Common Denominator of Success: El común denominador del éxito. Lo hizo después de dedicar mucho tiempo a estudiar qué era lo común a las personas que tenían éxito en su trabajo y, más en general, en el resultado general de su vida. 

Curiosamente, su conclusión no situaba la clave en trabajar mucho, ni en tener suerte, ni en saber relacionarse (aun siendo todas estas cuestiones muy importantes), sino que, según E.M. Gray, las personas con éxito han adquirido la costumbre de hacer las cosas que a quienes fracasan no les gusta hacer. Hay muchas cosas que no les apetece en absoluto hacer, pero subordinan ese disgusto suyo a un propósito de mayor importancia: saben depender de los valores que guían su vida y no del impulso o el deseo del momento. 

Da igual que seas un estudiante universitario o una profesora de un instituto, un médico o una juez, una madre que se dedica por entero a su familia o bien otra que es además una joven ejecutiva de una multinacional; en cualquier caso (y quizá en este último más aún), en tu vida hay un reto muy importante en cuanto a la organización del tiempo. Para una persona con un mínimo de inquietudes en la vida, el reto probablemente no es lograr ocupar el tiempo, sino más bien saber sacarle su máximo partido. Y no se trata simplemente de conseguir hacer muchas más cosas, sino de hacer las que pensamos que estamos llamados a hacer, establecer una juiciosa distribución del tiempo que nos permita alcanzar una alta efectividad en el trabajo y, a la vez, un uso equilibrado del resto del tiempo, en el que tenga cabida la familia, las amistades, la propia formación, la atención de otras obligaciones, etc. 

Recordando las reflexiones de John Keating, aquel carismático profesor de literatura de El Club de los poetas muertos, se trata de «vivir a conciencia la vida, de manera que no lleguemos a la muerte y descubramos entonces que apenas hemos vivido». 


Vivir a fondo, extraer a la vida todo el meollo. Son ideas con las que Keating luchaba por sacar a sus alumnos de la monotonía y la mediocridad. Les proponía salir del montón, vivir con intensidad el instante, recuperar el viejo carpe diem aprovechad el momento acuñado por Horacio. 


Aunque quizá Keating se pasa, como se comprueba en la película, porque aprovechar el instante no significa vivir para él, sí resulta positivo ese afán por extraer a la vida humana toda su riqueza. No le falta razón en ese esfuerzo suyo por arrancar a sus alumnos de la vulgaridad, de la falta de sentido. Porque es triste ver cómo algunos casi se puede decir que han muerto antes de morir, porque cuando les llega la muerte le han dejado casi todo el trabajo hecho. 

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¿Cómo tener dominio propio?


Serenidad y dominio propio
Cuentan me imagino que no será cierto, pero el ejemplo nos vale que ciertas tribus africanas emplean un sistema verdaderamente ingenioso para cazar monos. 

Consiste en atar bien fuerte a un árbol una bolsa de piel llena de arroz, que, según parece, es la comida favorita de determinados monos. En la bolsa hacen un agujero pequeño, de tamaño tal que pase muy justa la mano del primate. El pobre animal sube al árbol, mete la mano en la bolsa y la llena de la codiciada comida. La sorpresa viene cuando ve que no puede sacar la mano, estando como está abultada por el grueso puñado de arroz. 

Es entonces cuando aprovechan los nativos para apresarlo porque, asombrosamente, el pobre macaco grita, salta, se retuerce..., pero no se le ocurre abrir la mano y soltar el botín, con lo que quedaría inmediatamente a salvo.  Creo que, salvando las distancias con este pintoresco ejemplo, a los hombres nos puede pasar muchas veces algo parecido. Quizá nos sentimos aprisionados por cosas que valen muy poco, pero ni se nos pasa por la cabeza abandonarlas para poder ponernos a salvo, quizá porque nos falta dominio propio y estamos igual que ese pobre mono como cegados, impedidos para razonar. 


Por el contrario, el hombre sereno y que se domina a sí mismo irradia de todo su ser tal ascendiente que sin esfuerzo disipa las dudas de quienes están a su alrededor. No son rasgos del carácter fáciles de adquirir, ciertamente, pero son tan difíciles como importantes. Lo que se debate es nuestra capacidad para otorgar a la inteligencia y a la voluntad el señorío sobre los actos todos de nuestra vida. 
¿Cómo se puede avanzar en eso? Pongamos algunos ejemplos de cómo ir mejorando en dominio de uno mismo. Para empezar, no hacer muchas declaraciones ni tomar muchas decisiones en medio de las olas encrespadas de la vanidad ofendida, de la ira o de otras pasiones desatadas. Porque en esas situaciones la pasión arrastra a las obras. Obras que, a los cinco minutos, somos los primeros en lamentar. No seamos de aquellos que actúan bajo la influencia de la impresión primera, y demuestran con ello cuán increíblemente débil es su voluntad.

Privarnos de lo que debamos privarnos. Se ha dicho, y con razón, que sólo poseemos realmente aquello de que somos capaces de privarnos. En las comidas, por ejemplo: comer lo que nos sirvan, no llenarse de caprichos, atenerse a los regímenes y horarios de comida, no atiborrarse, etc. Es sorprendente ver cómo muchos hombres y mujeres pierden el dominio de su voluntad en el mismo momento en que se sientan a la mesa. 


Aprender a oponerse razonablemente, a decir que no si hay que decir que no, con claridad y firmeza. Algunos confunden el dominio propio con sufrir todo ataque con mansedumbre de cordero y recibir cualquier ofensa sin réplica alguna, y no es eso. Muchas veces habrá que plantarse, pero sin perder la elegancia y la mesura ni olvidar lo buenos modales.

Actitud Positiva


Actitud positiva

He recibido un email, de esos envíos masivos que se mueven a diario por el ciberespacio, que habla de un tal Jerry. Tiene su gracia, y es breve, así que lo copio a continuación. Jerry era director de un restaurante en una pequeña ciudad de Estados Unidos. Siempre estaba de buen humor y tenía algo positivo que decir. 

Era un motivador nato. Por dos veces, cuando cambió de trabajo, varios de sus empleados se empeñaron en seguirle a donde él fuera a trabajar. Si un trabajador tenía un día malo, Jerry siempre estaba allí, haciéndole ver el lado positivo de la situaciónSu manera de ser provocó mi curiosidad, así que un día le pregunté: «No me lo explico. No se puede ser positivo siempre, sin interrupción. ¿Cómo lo haces?». Jerry me contestó: «Cada mañana me levanto y me digo, tengo dos opciones, puedes elegir estar de buen humor o de mal humor. Y siempre elijo estar de buen humor. Cada vez que ocurre algo malo, puedo elegir entre el papel de víctima o el de aprender algo de aquello. Y procuro elegir lo de aprender algo. Cada vez que le oigo a alguien quejarse, puedo elegir entre sumarme a sus lamentos o fijarme en el lado positivo de la vida, y siempre escojo el lado positivo de la vida.»

«Pero no siempre es tan fácil», protesté. «Tampoco es tan difícil», contestó Jerry. «La vida es una elección constante. Cada situación es una elección. Eliges cómo reaccionar ante las situaciones. Eliges cómo va a afectar la gente a tu humor. Eliges estar de buen o de mal humor. Es elección tuya decidir cómo vives tu vida.»  Tiempo después, Jerry fue víctima de un atraco. Había olvidado cerrar con llave la puerta trasera del restaurante mientras hacía el balance de la caja del día, y entraron dos hombres armados. Trató de abrir la caja fuerte, pero con el nerviosismo fallaba la combinación. Los atracadores se pusieron más nerviosos aún que él, y acabaron por dispararle. Afortunadamente, le llevaron enseguida al hospital, y después de una larga operación y varias semanas de convalecencia, Jerry recibió el alta. 


Vi a Jerry unos meses después. Le pregunté qué le había venido a la mente cuando ocurrió el atraco. «La primera cosa en que pensé es que debía haber cerrado bien la puerta. Luego, después de que me dispararon, cuando estaba tendido en el suelo, recordé que tenía dos opciones: podía elegir vivir, o podía elegir morir. Y escogí vivir.»
«Los camilleros eran unos tíos simpáticos. Me animaban. Me decían que me iba a poner bien. Pero cuando me metieron en la sala de urgencias y vi las caras de los médicos y enfermeras, mientras me exploraban, me asusté realmente. En sus ojos se leía es hombre muerto. Entonces vi que tenía que pasar a la acción.» «¿Qué hiciste?», pregunté. «Bueno, había una enfermera que me preguntaba a gritos si era alérgico a algo. ¡Sí!, le contesté. Se hizo un silencio grande. Esperaban que continuara. Yo cogí aire y dije: Sí, tengo alergia... ¡a las balas! . Después de las risas de todos, les dije: Quiero vivir. Así que, por favor, opérenme cuanto antes.» 

Jerry piensa que vivió gracias a los médicos y enfermeras, pero también gracias a su actitud. Yo aprendí de él que cada día puedes elegir si vas a encarar la vida con ganas o te vas a amargar. La única cosa enteramente tuya, que nadie puede controlar o asumir en tu lugar, es tu actitud. De modo que, si tú te das cuenta de esto, todo lo demás de la vida se hace bastante más fácil. 

La historia de Jerry concluye aquí. Es quizá un tanto simple, pero apunta una idea importante. Todos conocemos personas que, con su sola presencia, irradian sentido positivo. Su actitud es optimista, animosa, esperanzada. Poseen como una especie de campo magnético que orienta los de los que le rodean, que quizá son más débiles o más negativos. Son desactivadores de crispaciones y rencillas. Cuando afrontan una situación difícil, suelen ser serenos, conciliadores, armonizadores. 


Suelen ser personas que han conseguido aprender de sus propias experiencias, tanto de las negativas como de las positivas. Creen en los demás. No reaccionan desproporcionadamente ante sus defectos, ni ante la crítica o las dificultades. No se sienten satisfechos cuando descubren los errores y debilidades de los demás (y eso no porque sean ingenuos, pues también ellos ven esos errores, pero saben que con su actitud pueden hacerles mejorar o encastillarse en su conducta). Procuran no etiquetar ni prejuzgar a la gente, sino descubrir los valores positivos que hay en toda persona. Despiertan agradecimiento y gratitud. No son envidiosas. Son agradecidas. Tienden, de forma casi natural, a perdonar y olvidar las ofensas que reciben. Buscan el modo de mejorar su formación. Leen, escuchan, poseen afán de conocer cosas, les interesa lo que interesa a quienes le rodean. En fin, toda una actitud digna de imitar en nuestra vida.

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¿Pegarse en la lotería te hará feliz?



Felicidad y dinero

En una entrevista a la multimillonaria Barbara Hutton, un periodista se dirigió a ella comenzando con la típica frase hecha: Aunque sabemos que el dinero no da la felicidad, díganos, por favor.... La entrevistada no le dejó terminar: Oiga, joven, ¿pero ¿quién le ha dicho a usted esa tontería? .

Aunque haya infinidad de dichos populares que sostienen que el dinero no asegura nada, es frecuente ver que luego en la vida práctica son pocos los que se lo creen. La respuesta de aquella mujer, y lo cortado que debió quedarse el entrevistador, son un buen reflejo de ello. Es evidente que una persona con semejante fortuna recibiría como una catástrofe un empeoramiento de su situación económica. Igual que un mendigo recibiría con gran satisfacción cualquier mejora sustanciosa en su nivel de vida. 

¿Influye mucho entonces el dinero en la felicidad? Durante más de diez años, un nutrido equipo de investigadores norteamericanos dirigido por David Myers y Ed Diener ha intentado arrojar alguna nueva luz sobre esta cuestión a través de amplios estudios estadísticos. Desde el principio se propusieron no fijarse sólo en las sensaciones subjetivas de felicidad que tenían los encuestados, sino también en el juicio que merecían ante los demás. Este enfoque les facilitó una de sus primeras conclusiones: casi todos los que se sentían felices también lo eran a los ojos de sus más íntimos amigos, de sus familiares y de los propios psicólogos que les interrogaban. 

Pronto comprobaron también, con cierto asombro, que la impresión personal de felicidad está distribuida de modo bastante homogéneo en casi todas las edades, niveles de ingresos económicos o de titulación académica, y tampoco se ve afectada de modo significativo por la raza o el sexo. Por ejemplo, sólo encontraron una cierta relación entre ingresos económicos y sensación de felicidad en algunos países muy pobres, como la India o Bangladesh; en los demás casos, solía ser incluso ligeramente más frecuente lo contrario. 

La investigación concluía señalando una serie de rasgos de carácter que parecen comunes a casi todas las personas que se sienten felices: la persona feliz es cordial y optimista, tiene un elevado control sobre ella misma, posee un profundo sentido ético y goza de una alta autoestima. Aunque es difícil saber en qué medida esos rasgos de carácter contribuyen a la felicidad o son más bien parte de sus efectos, sí podemos concluir con Myers y Diener en destacar la gran importancia que para toda persona tiene su mejora personal.  Aunque la ilusión legítima de muchas personas sea que les toque la primitiva, o el sorteo de la ONCE, o el gordo de Navidad y en España las cantidades que se invierten en esto son enormes, la realidad es que luego se comprueba que aquellos a quienes les ha tocado la lotería no son, al poco tiempo, más felices que antes. Otro dato ilustrativo es que las encuestas realizadas en países en etapas de gran crecimiento económico tampoco ofrecen las diferencias esperadas en el sentimiento de bienestar subjetivo de la población.

Podría decirse que una vez se tienen resueltas las necesidades básicas, cada uno tiende a adaptarse al nivel económico que tiene, y su felicidad apenas depende del nivel en que está situado. Es verdad que una mejora de nivel económico suele repercutir en el sentimiento de felicidad, pero esa impresión suele durar poco. De manera análoga, un empeoramiento de ese nivel suele producir una cierta infelicidad (en ese caso, además, los efectos suelen ser algo más duraderos), pero con el tiempo suele aceptarse y se acaba llegando a reconocer y disfrutar lo que antes apenas se valoraba.

En general, el dinero no parece colaborar mucho a sentirse feliz de modo estable. Tampoco la fama suele aportar mucho por sí misma (es más, hay que ser muy maduro emocionalmente para saber digerir de forma adecuada el encumbramiento). Tener un gran talento, o muy buena salud, o un gran atractivo físico, tampoco puede considerarse el eje de la felicidad: indudablemente pueden favorecerla, y crear un clima propicio para sentirse feliz, pero no siempre es así, ni mucho menos.


Como escribió Séneca, todos los hombres quieren ser felices, lo difícil es saber lo que hace feliz la vida. Hay que acertar en esa búsqueda, pues quien no lo hace se pasa la vida esperando un mañana que nunca llega. 


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viernes, 17 de noviembre de 2017

¿Por qué es importante contar con un seguro oncológico?


Tener un seguro que tenga un buen programa de prevención es clave para afrontar una enfermedad como el cáncer. El 95% de los casos de cáncer que son detectados a tiempo tienen cura.


En el Perú, el cáncer es la segunda causa de muerte. Más de 25 mil peruanos fallecen al año causa de la enfermedad, de los cuales el 85% son detectados en estados avanzados, según la Liga Contra el Cáncer. Sin embargo, más allá de las estadísticas, es primordial conocer los beneficios de contar con un Seguro Oncológico y las posibilidades que tenemos para prevenir y afrontar esta compleja enfermedad. De acuerdo con la misma entidad, el 95% de los casos detectados a tiempo tienen cura. Por eso, es importante desarrollar una cultura de prevención y reflexionar sobre los beneficios de contar con un seguro oncológico privado. El cáncer no discrimina sexo, edad o condición social y, en caso se presente esta enfermedad, contar con un programa de protección oncológica no solo te permitirá detectarlo a tiempo, sino que te cubrirá de los gastos por los tratamientos.

Si una persona necesita solventar el tratamiento de manera independiente, el tratamiento dependiendo de la gravedad del cáncer puede tener un costo anual entre los 150 mil y 450 mil  dolares, según Juan Carlos Olivera, gerente de Productos de Salud de Pacífico Seguros. Hoy, en el mercado, existen seguros oncológicos que tienen una cobertura hasta el 100%, lo cual permite que el paciente solo se concentre en su recuperación sin preocuparse por la parte económica.

A la hora de decidir por un seguro oncológico, además de un buen programa de prevención y una cobertura completa, es importante también tener la seguridad de que podrá acceder a los mejores médicos y centros especializados, así como a múltiples beneficios como tratamientos ambulatorios, terapias biológicas, hospitalización y trasplantes de ser necesario.


OPCIONES PARA PREVENIR Y COMBATIR

► Rimac. Su seguro oncológico brinda una cobertura ilimitada para las atenciones ambulatorias y hospitalarias, con tratamientos oncológicos que siguen las normas y protocolos según los estándares internacionales. El precio de la prima dependerá de la edad que se tenga al momento de contratar el seguro. Por ejemplo, esta protección va desde 20 dolares mensuales para el rango de hasta los 25 años.


► Oncosalud. Ofrece programas de protección que se adecúan a las necesidades de cada persona. Actualmente, esta compañía tiene el seguro Oncoplus que brinda terapia biológica especializada y una mejor cobertura. También está el programa Oncoclásico Pro, cuyos benecios otorgan una excelente alternativa para las personas que no pueden cubrir el costo de una prima mayor. Entre sus servicios, disponen de braquiterapia, radioterapia intraoperatoria y aplica sesiones de realidad virtual como terapia de distracción en sus tratamientos.

► Pacífico. Su protección oncológica tiene una cobertura anual por persona de 3 millones de soles e incluye terapia biológica, quimioterapia y radioterapia, en una red de más de 30 clínicas aliadas. Además, cuenta con un despistaje oncológico anual cubierto al 100%. También brinda la opción de poder contar con una segunda opinión médica cubierta al 100% para cirugías programadas. Las primas varían de acuerdo con la edad y al plan.


ARR.org


¿Cuánto duran los alimentos?

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Guía para saber cuánto tiempo se puede guardar comida en el refrigerador. Si tu familia es típica, probablemente desechas unas 20 libras de comida al mes —de un valor entre $28 y $43— casi siempre porque se ha estropeado. Pero es posible minimizar el desperdicio y reducir lo que gastas en comida sabiendo cuánto tiempo los distintos alimentos se conservan en el refrigerador.


Sigue estas pautas:

1 a 2 díasPescado fresco y camarones, aves, carne de pavo, carne de res, salchichas frescas y carne para guisar. Las carnes rellenas deben consumirse el mismo día.

3 a 4 días: Carnes cocinadas, como pollo, pescado, jamón o res; sopas y guisos; pizza; mariscos en lata que se hayan abierto; y comidas por libra.

Un máximo de 5 días: Carnes frías en envase que hayan sido abiertas; ensaladas de huevo, pollo, atún o macarrones; bistecs, chuletas y corte asado; y jamón en lata abierta que diga "mantenga refrigerado".

Un máximo de 7 días: Perros calientes, tocino, salchichas ahumadas, sean en forma de embutidos o hamburguesas.

Un máximo de 14 días: Pescado ahumado, carnes frías envasadas sin abrir y comidas envasadas al vacío, también sin abrir.

Los huevos frescos duran hasta cinco semanas en su cáscara.
Sin embargo, los huevos hervidos se deben comer la misma semana y los sucedáneos de huevo, menos de tres días después de abrir el envase.
La leche, el yogur y el queso crema se deben comer menos de siete días después de la fecha límite de venta, pero la mayoría de los quesos laminados duran tres semanas o más si se guardan en una bolsa u otro recipiente herméticamente cerrado.

Movida Independiente

Conservacion de alimentos y almacenamiento